"No-one knows how they're going to be remembered. All you can do is hope for the best."

Doctor Who ~ The Unicorn And The Wasp



jueves, abril 10, 2014

The Prestige (Chapter XVI)

XVI

Del Regreso


Londres – Febrero 1791

La consumación de su pacto inicial, fue para Maurice el único elemento en el cual se afianzó para concluir el camino de regreso. Su cuerpo ardía en fiebre, mientras que en su mente se acuñaba un torbellino malicioso. Infructuosa, su búsqueda acabó en muerte y desolación, sin satisfacciones. Sin ninguna conclusión.

Llamó a la gran mansión que se alzaba en el corazón de Westminster. Esperando por un mayordomo o ama de llaves, fue entonces una sorpresa al atenderlo el mismísimo dueño de casa.

-Maurice… te ves fatal.
-Con saludos así, quien necesita telegramas.

Reynald Jones lo hizo pasar al vestíbulo y luego a la sala principal, en donde le pidió que lo escoltara el último tramo, por las escaleras, hasta su oficina.

-El recorrido es muy interesante, Reynald… pero me encuentro bastante fatigado. Quisiera saldar nuestras deudas y marchar.
-¿A dónde?

La pregunta lo atajó sin respuesta. ¿A dónde iría, enfermo, devastado, sin dinero y sin alma que lo esperara en algún lado?

-Sígueme hasta mi despacho, en donde podrás descansar.
-Gracias por tu ofrecimiento, pero me gustaría concluir con nuestro acuerdo.
-¿A qué le temes?

Una vez más, no supo bien qué contestar. En este momento, su mayor temor era enfrentarse a la muerte sin triunfos en su haber como para echárselos en cara. Había fracasado, y eso no se veía esmerado para su pasaje al otro lado.

Prefirió callar y acompañarlo. 

Acomodados entonces frente a una chimenea previamente encendida, Reynald le ofreció un cigarro a Maurice que solo tomó por cortesía. No era un ávido consumidor de tabaco y tampoco era la ocasión. Allí, el día de hoy, no se realizaría ningún tipo de celebración.

-Te encuentras ansioso y me halagarías diciéndome el porqué. – su interlocutor le preguntó.
-No me queda mucho tiempo, Reynald. Tenemos un pacto y quisiera honrarlo.
-¿Temes no llegar a cumplirlo?
-No me gusta tener pendientes.
-Entiendo.

El humo aromatizado comenzaba a apelmazar la estancia, para cuando Reynald Jones retomó el curso de la conversación, que muda había quedado. Maurice temía algo más que la muerte; siendo el silencio su perverso enemigo durante aquellos días de encierro, comenzaba a sentirse incómodo ante la falta de plática.

-Toma. – Reynald le extendió un juego de llaves. – Son de la habitación contigua. – le indicó con su mano hacia una puerta de madera a la izquierda de la chimenea. – Descansa esta noche y mañana continuamos.
-¿Mañana?

Maurice no estaba seguro de que su cuerpo resistiera para ver un nuevo día. Le urgía concluir su diligencia con premura, y el hombre se la estaba dificultando.


-Mañana todo se verá mejor.

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