"No-one knows how they're going to be remembered. All you can do is hope for the best."

Doctor Who ~ The Unicorn And The Wasp



jueves, abril 10, 2014

The Prestige (Chapter XIII)

XIII

De La Oclusión


Apócrifa era la demanda de su alma. Sus gritos no se hacían ni se harían escuchar. Las piedras terrosas temblaron, mas no caerían ni por la fuerza de sus puños ni por la magia de sus invocaciones. El sellado era inquebrantable, y perpetua entonces sería su agonía; pereciendo allí, en soledad, una y otra vez. Eternamente.

La falta de oxigeno le había ayudado a pasar las horas; se había desmayado y por ello soñado con la mixta liberación. Su mente había vagado por lugares ilusorios y su cuerpo se había cobrado la vida de quien allí lo mantenía, encerrado como un perro sin dueño ni destino. Pese a la magnífica experiencia, la asfixia no lo reuniría con la muerte. A ella la había visto una vez, hacía mucho tiempo atrás, incontable, y recordaba haberle agradado lo que vio del otro lado; solo era cuestión de cruzar y obtendría un poco de paz.

No lo dejaron. Lo retuvieron en este plano y le obligaron a continuar. A dirigir sus pies siempre hacia adelante, no importa qué.

Su debilidad no hizo caso omiso al murmullo de las pisadas en el pasillo exterior. Cuando lo habían arrastrado por allí, le había parecido ser un túnel largo, húmedo y oscuro, aunque mismo podría haberlo estado imaginando; Nicholai había cosido sus párpados al hueso superior de sus pómulos, quemado con cal hirviendo su lengua, y desollado la piel de sus manos y de sus pies. Sus sentidos naturales ahora se reducían a dos, dejándole el oído y el olfato para que tuviera terror.

La gracia de ser quien era y la cualidad de sus orígenes lo harían curarse con rapidez, pero necesitaba suplemento alimenticio para acelerar el proceso. Quizás, con un poco de suerte, su captor se lo traía. A medida que los pasos incrementaron su intensidad, el aroma que arroja la mixtura entre la sangre y el miedo alcanzó su nariz. Le estaban trayendo una presa, y Maurice sabía de buena fe que se encontraba en peor estado que el suyo. No necesitaba verla para entenderlo, ni siquiera tocarla. Cuando liberaron el sellado y se la tiraron a sus pies, los latidos de aquel cuerpo marcaban tiempo de sentencia.

-No pude conseguirte algo mejor. Las buenas hembras escasean en este insulto de pueblo…

Su esencia entera le rogaba que acabara el suplicio, erguir sus piernas, abalanzarse contra su captor y asesinarlo. Devorarlo. Arrancarle la carne en pedazos y beberse su sangre en claro signo de victoria, en vez de infringirle el sufrimiento a la mujer que, desnuda y lastimada, sobre el suelo temblaba de horror.
Por desgracia, existían dos motivos fundamentales por los cuales no podía permitírselo; uno se desprendía de una lógica razón…

El otro era peor.

Aislando de su reclamo la posibilidad que jamás sería, dejó que volvieran a encerrarlo. Calculó que pasarían ocho horas para la próxima vez que viniera a visitarlo, y no obstante para entonces se convenciera de lo que debía realmente hacer, la chiquilla no llegaría con vida; moriría antes de frío y por los golpes que había recibido.

Ni siquiera podía decirle que lo sentía; falto de una buena modulación, tan solo arrullaba unos pocos gritos y bramidos que eran ecos de lo que alguna vez fue su voz. La consolación en estos casos era siniestra, pero no pudo evitar acariciarle su hombro despacio y con benevolencia, sintiéndolo áspero ante el deterioro de sus huellas dactilares.

Especular que se trataba de una chica bonita y de buena familia lo ponía peor, por lo que liberó a su consciencia para que creara la fantasía que quisiera. ¿Una prostituta degradada que abusaba del maquillaje? Malo, pero no lo suficiente como para quitarle la vida. ¿Una mujer que queda encinta para luego vender a sus hijos por un poco de dinero? Mejor… aunque no alcanzaba.

¿Qué tal entonces una linda jovencita a la que se le ofrece el mundo y luego te traiciona arrebatándotelo todo y arrojándote a un pozo?


Sus colmillos se extendieron al escucharse y el hambre se apoderó de su ser, por lo que para cuando se hundieron en el cuello de la joven y la sangre se derramó caliente por su garganta, no fue dolor lo que sintió, sino placer.

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