"No-one knows how they're going to be remembered. All you can do is hope for the best."

Doctor Who ~ The Unicorn And The Wasp



jueves, abril 10, 2014

The Prestige (Chapter X)

X

De Alguna Verdad al Descubierto


Otra era la luna que en su alma podía divisarse. Una lacónica; teñida de sangre, según él, quien no podía dejar de dar vueltas en su cama, tumbándose en círculos inexplicables ante la irresolución. Acostumbrado a la mala soledad, aunque a la buena voluntad de sus sentidos, súbito fue el encuentro de su mano al asir por sorpresa a una igual desprevenida que vagaba por su frente. La niña con labios granate y cabello de café, se retrajo temerosa ante el fulgor que emanaban las pupilas de Maurice, provista ella de vergüenza en su expresión.

-Perdón mi señor, pero os he notado sudor. ¿Tenéis fiebre?

Extraña a sus oídos entonces esa voz sonó. ¿Cuándo es que había perdido la pequeña el idioma callejero?

-Poco probable. – el respondió, apoyando sus pies desnudos sobre las tablas del suelo. – Solo son sueños malvados.
-Me alegro de que así solo sea.

Elizabeth tomó asiento en su cama de paja y sábanas limpias. La monjita del convento les había permitido pasar la noche allí, ante el vendaval y la tormenta que nunca amainó.

-Señor… yo os he entendido cuando ha dicho sin beneplácitos, pero… no tengo otra forma de pagaros su buena voluntad.
-No me parece una forma muy correcta.
-Está en mi deuda y en mi haber. Por favor, permítame gratificarlo.
-Si sientes que será una carga para vuestra consciencia y una falta a tu corazón, pues está bien. Solo… déjame haceros una pregunta. ¿Has conocido hombre anteriormente?
-Sí, señor.

Entonces al aposento la invitó a que destellara su habilidad por necesidad. Fingiendo madurez, la joven ejercía de mujer sobre la figura de Maurice, intentando suplir satisfacciones con acciones. No obstante, y muy lejos de sentirlo un deseo, él no rehusó de vigilar todos y cada uno de aquellos sutiles movimientos en pos de hallar el que estaba buscando. Y una vez encontrado, fueron sus manos las que atajaron las de Elizabeth antes de que éstas se hundieran en su pecho portando un puñal.

La redujo enseguida contra el suelo, llevando sus brazos hacia atrás.

-¿Cuánto te pagará? – le preguntó sin dudar.

Ella emitió un seco quejido.

-Puedo quebrártelos antes de que te des cuenta de que alguna vez exististe, pero te estoy otorgando una oportunidad. ¿Cuánto te pagará?
-Cien… - respiraba con dificultad - …cien monedas.
-¡¿Cien monedas?! Y pensar que no se le caía un penique… - dijo sardónico. – Ahora mismo eres más rica que yo.

Acto seguido, tanteó el colchón alcanzando la daga. Solo le bastó inspirar profundamente cerca de la misma para saberlo.

-Pero no te envió a matarme. La punta contiene savia de Mandrágora. Es una planta narcótica, que produce delirios y grandes alucinaciones. – explicó. – Ultimamente, lo mejor y más barato del mercado. Entonces, dime Elizabeth, si es que ese es tu nombre, ¿cuál es su plan?
-No lo sé… - gimoteó.
-Sí lo sabes. – estiró de sus muñecas hasta antes del grito. – ¿Tú querías honrar mi buena voluntad? ¡Aquí tienes una forma mejor!
-Su… espada. Quiere que le lleve su espada.

Maurice aflojó la presión. Ella se llevó las manos al frente, comprobando el daño y manteniendo sus ojos cerrados soltó una exhalación.

-¿Eso era todo? ¿Tanto lío por una espadita? Pero mujer, ¡me la hubieras pedido y nos ahorrábamos la vergüenza!

La joven lo observó sin comprenderlo, observando los movimientos del superior con sus pupilas por toda la habitación.

-Toma. Llévasela.
-No… - y asimismo negó con su cabeza. – Es una trampa. Me matará en cuanto me vaya…
-Probablemente lo haga él si no llegas con esto. Y tenme fe cuando te digo que jamás creerá que te la di. Tu trabajo será justo y recompensado y nadie sabrá la verdad.

Dubitativa, y aun sospechosa, torció sus labios en una símil muestra de agradecimiento. También movió apenas su cabeza, hacia arriba y abajo, antes de marcharse como si los diablos la persiguieran para devorar su el alma. Maurice, luego de apreciar los últimos vestigios de la estela de la huida, se dejó caer sobre el colchón.


El puñal, echado al suelo como el fin de un producto maldecido, resplandeció por un lánguido momento bajo la débil luz de luna filtrándose por la ventana. Entonces los ojos del superior absorbieron el reflejo e inmediatamente supo, haya sido por hipnosis o verdad, cuál sería el nuevo sendero a tomar.

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